I think I should start a new set of posts called "Crap that only happens to me". They should be amusing, as my life can get as surreal as Dalí intended sometimes. Most of it is my fault, I'm afraid to say. But hey, at least most times they're funny and I can have a laugh. Like recently. My gym is going through some huge repairs and, adding the fact that we are in August and only vacation-less losers like me who have nothing to do go, it's usually pretty empty. Or so I thought. As I'm getting out of the shower some sticky pop song comes up which, given that is so cheesy, will remain nameless to reduce the already large embarrassment. I couldn't help it, it just took over me. As I'm shaking my head and thus my wet hair, I notice my hairbrush. Oh yes, you guessed it: microphone. It took a life of its own, singing out loud. Fifteen seconds later, I notice two shadows as I glance slightly over my shoulder. Two poor innocent souls who had to witness my sudden madness and didn't know how to react to a butt-naked crazy singer/dancer on the premises. As I faced them, I tried in vain to fix my hair, like that was gonna help, and just smiled and said "What a good song, huh?" They smiled back politely and then proceeded to the next set of lockers - can you blame them? - to probably debate whether I should be medicated or locked up. I got dressed, picked up my stuff and what was left of my dignity and walked away. And if you thought it couldn't get any worse: the song was "Call me maybe".
I like vests very much, they can give an oomph to any outfit and help you make simply summer ensembles less boring. This one was so cheap at the Zara sales I felt like I struck gold.
Happy Friday!
Creo que debería empezar un nuevo hilo de entradas llamada "Vainas que solo me pasan a mi". Deberían ser graciosas, ya que mi vida a veces es más surreal que un cuadro de Dalí. La mayoría son por mi culpa, lamento decir. Pero bueno, al menos suelen ser anécdotas chistosas y me río de la vergüenza. Como en estos días. El gimnasio al que voy lo están reformando y, añadiendo que es agosto y solo los perdedores sin vacaciones como yo solemos ir, usualmente está muy vacío. O eso pensé. Mientras salgo de la ducha empieza a sonar una canción pop archi-pegajosa, tan cursi que no diré cual es para intentar reducir algo lo ridículo de la situación. No lo pude evitar, me invadieron unas ganas terribles de cantar y bailar en el vestuario vacío. Mientras estoy sacudiendo mi cabeza con el pelo mojado veo, entre mis cosas, mi cepillo. Lo adivinaron: micrófono. Y a partir de ahí tomó vida propia. Quince segundos más tarde me doy cuenta de unas sombras detrás de mi. Dos pobres e inocentes espectadoras de mi locura repentina que no sabían como reaccionar ante la cantante en bolas que presenciaban. Cuando las vi, intenté en vano arreglarme el pelo, como si eso fuera a ayudar en algo, me rei y dije "Que buena canción, eh?". Solo sonrieron educadamente y se fueron a las taquillas de al lado (normal), probablemente para debatir si debería ser medicada o encerrada. Me vestí, recogí mis cosas y la poca dignidad que me quedaba y me fui. Y para los que piensan que no podría ser peor: la canción era "Call me maybe".
Me gustan mucho los chalecos, le dan distinción a cualquier look y hacen que los conjuntos simples de verano sean menos aburridos. Este lo vi en las rebajas de Zara por nada y fue como encontrar oro.
¡Feliz viernes!
Pictures: Raquel Expósito
Vest, t-shirt: Zara
Skirt: Topshop
Bag, shoes: H&M
Bracelets: DIY
Watch: Technomarine
Pendant: beach streetmarket
Instagram: Mostlymelina