I feel dirty.
Happy Monday, my fellow shameless sinners.
Ave María Purísima. Padre, he pecado. Y ahora la caminata de la verguenza. Pero no me malinterpreten, no es ese ritual tradicional bochornoso de las mañanas, que por desgracia resulta familiar para cualquier chica. Oh no, hablo de uno peor: ese camino a casa después de haber reventado la tarjeta en las rebajas de verano. Sabes que está mal, batallas contra tu sensatez, tu conciencia, los consejos de tus padres, el pequeño conocimiento de finanzas personales que puedas tener... Y sin embargo, te supera. Esa sensación de comprar algo a mitad de precio te intoxica como una droga y toma posesión de tus acciones. Y te lanzas de cabeza, porque estás haciendo algo que se siente tan bien pero es tan pecaminoso. Maldición. Te lo sacas de la cabeza. Y luego sales de la tienda, hinchada de poder, orgullosa por tus hallazgos, tu olfato de caza fashionista, gran sentido de la moda, casi como un delantero de fútbol: el lugar correcto en el momento adecuado. Llámenme Messi, carajo. Y luego... la euforia empieza a desvanecerse mientras andas en esa calurosa tarde de verano y piensas en las consecuencias de tus actos recientes. Y resulta que recuperas las facultades de sumar, porque, por supuesto, en el caos se te olvida cualquier concepto de aritmética. Y cuando estás a punto de venirte abajo, lo piensas: ¡30 días para reflexionar sobre tus actos! A diferencia de otras malas decisiones que has tomado en el pasado, la mayoría en un estado de intoxicación, (y que desafortunadamente, no tienen vuelta atrás), esta SI que está totalmente bajo tu control. Y lo que más me aterra es que lo mejor está por venir.
Me siento culpable.
Feliz lunes, mis queridos pecadores.
Pictures: Raquel Exposito
Hat, jeans, bag: H&M
T-shirt: Oysho
Vest: Forever 21